Que se note quién la hizo
Cada pedido pasa por manos, no por una máquina que empaca sola. Si algo sale mal, hay alguien a quien preguntarle.
Gramali nació en un apartamento de Envigado, estampando camisetas de a una para amigos que querían algo que no tuviera todo el mundo. Seguimos haciendo lo mismo, solo que ahora cabemos en una bodega.
Compramos prendas en blanco a proveedores colombianos —camisas, camisetas, buzos y camibusos— y les aplicamos el diseño una por una, en nuestro taller de Envigado. No tercerizamos el estampado: es la parte que define cómo queda la prenda, y preferimos responder por ella.
Eso también explica por qué el catálogo no es infinito. Trabajamos con las telas y los cortes que hemos probado puestos, lavados y vueltos a poner. Si algo no aguanta un año, no entra.
Casi todo lo que sale de aquí se estampa después de que alguien lo compra. Es menos cómodo que tener mil unidades hechas esperando, y por eso a veces nos tardamos un día más.
A cambio, no producimos ropa que nadie pidió. La industria vive de adivinar cuánto se va a vender y de rematar lo que sobró; nosotros preferimos no tener que adivinar.
Tres cosas que decidimos temprano y que no hemos cambiado.
Cada pedido pasa por manos, no por una máquina que empaca sola. Si algo sale mal, hay alguien a quien preguntarle.
Preferimos una prenda que aguante tres años a tres que aguanten una temporada. Sale más barato y suena menos bonito.
El estampado, el color, el cuello. Si vas a ponerte algo todos los días, es raro que la versión de la vitrina sea justo la tuya.
Escoge una prenda y dinos qué le mueves. El diseño es tuyo; la parte aburrida la ponemos nosotros.